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El respeto, clave en los equipos de alto rendimiento


El principio de esta semana nos sorprendió con unas declaraciones de Álvaro Morata, el delantero centro del Chelsea: “Nunca debí volver al Real Madrid: me trataron como a un niño”. Su intento de matizarlas un día después se quedó tan a medio camino que no hizo sino subrayar el sentimiento de frustración que padeció la pasada temporada.

De repente sale a la luz una de las causas por las que un profesional extraordinario abandona a una de las mejores empresas del mundo: la desafección. El ejemplo es muy poderoso en tanto en cuanto el joven empleado de la entidad madridista recibió seis millones de euros, fue el segundo máximo goleador del equipo, continuó siendo titular en la mayoría de los partidos de la selección española y, por si fuera poco, engrosó su palmarés con una Liga de Campeones, la Liga Nacional, la Supercopa de Europa y un Mundial de Clubs. ¿Se puede pedir más en el desarrollo de cualquier carrera profesional?

Por imposible que pueda parecer a primera vista, es obvio que sí: RESPETO. El lamento del jugador tiene que ver con un elemento esencial en la conservación y funcionamiento de las piezas que configuran un equipo de alto rendimiento. La desconsideración socava la voluntad y dificulta las relaciones en el seno del grupo, hasta convertirse en una causa de abandono del mismo. No digamos la ausencia de un trato digno. “No quiero estar donde no me quieren” es un pensamiento que con frecuencia nos ataca, tan enraizado como está nuestro sentimiento tribal y la necesidad que tenemos de ser aceptados como aspiramos a serlo por el resto de los miembros. En caso contrario, buscaremos otros hábitats en los que desarrollarnos.

También en estas fechas tenemos delante de nosotros el caso contrario. El jugador español de baloncesto Ricky Rubio recién llegado a los Utah Jazz cumple su mejor inicio de temporada en la NBA. Hace pocos días aclaraba su situación al comentar a los medios que nunca había hablado con un entrenador tanto tiempo en tan pocas semanas. El responsable le otorga el tratamiento que merece el nuevo fichaje, destinado a dirigir las operaciones del equipo en la cancha. La aceptación plena de la franquicia estadounidense ha llenado de emociones positivas a Rubio que han disparado su motivación y su confianza: “Es divertido jugar así.”

Raimundo Saporta, que fuera durante muchos años directivo del Banco Exterior de España, del  Real Madrid, y de las federaciones internacional y nacional de baloncesto, fue un visionario que participó de forma activa en la creación de la Copa de Europa de fútbol e ideó la de baloncesto. Muy joven, apenas llegado al club se convirtió en la mano derecha de Bernabéu y en el artífice del milagro del baloncesto español, al que levantó desde la nada hasta al podio olímpico. Amigo de frases claras y consejos directos, una de las sentencias más inapelable que pude escuchar de su boca decía: “Para un directivo hay tres clases de jugadores: el lesionado, el suplente y el titular. El mayor cariño para el lesionado y después para el suplente. El titular ya tiene bastante con jugar y ser el centro de atención del mundo”.

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